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Escucha el silencio

22/06/2015

Los “tesoros” del gallinero

Es uno de los lugares más visitados por los huéspedes de las Casas de Velilla. A los más pequeños les maravilla. Muchos de ellos, lo primero que hacen nada más empezar el día es plantarse delante del gallinero.

Tenemos un gallinero muy “chic”, aunque nunca hubieses imaginado que a un gallinero se le podría poner tal calificativo. El de las Casas de Velilla tiene estilo, porque a Lola le encanta mimar el detalle, también en el gallinero, donde no faltan pinceladas del hermoso estilo campestre que encontrarás en los alojamientos.

Pero ésta no es la razón por la que a los peques les entusiasma visitarlo. ¿Serán las gallinas?

 

 

Raúl, el marido de Lola, adora los animales y ha traído al gallinero variadas razas de gallinas. Proceden de distintas partes del mundo: las hay más pequeñas, más grandes; con plumaje más corto o más largo; de un color o varios…Es muy entretenido observarlas, compararlas y disfrutar de sus movimientos de cresta y de su cacareo.  Pero esta tampoco es la razón que lleva a los niños al gallinero.

Tiene que ver con un “tesoro” que hace sentirse a los peques como auténticos exploradores en su búsqueda. ¿Sabes la cara que se les pone a los niños cuando descubren un huevo, recién puesto, entre la paja? Está sí es la razón que les lleva, cada mañana, camino arriba hacia el gallinero. Y si encuentran su “recompensa”, es más que probable que determinará el menú de su desayuno.

En Velilla los vecinos siempre han críado gallinas. Lo habitual era que pastaran por el pueblo, libremente. Se acuerda Ana, una vecina serrana que ahora vive en San Román de Cameros y que está casada con un velillense. Félix, su marido, fue el último vecino nacido y bautizado en esta aldea.

Ana nos ha contado que cuando las gallinas se ponían cluecas, se iban al barranco, al arroyo que pasa por Velilla, y que en los zarzales hacían los nidos e incubaban los huevos.

Veintiún días después la gallina volvía a casa, al gallinero. Eso sí, se presentaba ella y detrás, su prole de preciosos pollitos.

Si tienes suerte, en el gallinero de Lola y Raúl podrás disfrutar de un espectáculo natural único: cuando el pollito rompe el cascarón y nos dice “¡hola, mundo!”.

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